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Más movilidad, menos carbono

Más movilidad, menos carbono

Tuesday, 11 de July de 2017

Por Stefan Ketter, presidente de Fiat Chrysler Automobiles (FCA) para América Latina * Brasil es reconocido internacionalmente como un caso de éxito por la participación de recursos renovables en su matriz energética. Las fuentes renovables responden por cerca del 40% de la matriz nacional, con destaque para la bioenergía producida a partir de la caña […]

Por Stefan Ketter, presidente de Fiat Chrysler Automobiles (FCA) para América Latina *

Brasil es reconocido internacionalmente como un caso de éxito por la participación de recursos renovables en su matriz energética. Las fuentes renovables responden por cerca del 40% de la matriz nacional, con destaque para la bioenergía producida a partir de la caña de azúcar, que representa un notable 16% de la energía generada en el país, considerando el etanol, la energía térmica y eléctrica generada a partir de la biomasa. Esta es una ventaja comparativa que Brasil tiene que contabilizar en el conjunto de las casi docientas naciones que establecieron en la 21ª Conferencia de las Partes de la Organización de las Naciones Unidas (COP-21) un pacto que representa un enorme desafío para contener el calentamiento global. También representa la respuesta brasileña al propósito de descarbonizar gradualmente la movilidad.

La cadena agroindustrial del etanol y el sector automovilístico acumularon a lo largo de cuatro décadas una valiosa experiencia en el empleo del biocombustible a través de su flota nacional. En 2016, de los casi 2 millones de automóviles y comerciales ligeros licenciados en Brasil, 1,75 millones salieron de la fábrica equipados con motores flex, pudiendo emplear alcohol o gasolina simultáneamente. Esto representa el 85% de la comercialización de nuevos modelos. También en 2016, Brasil produjo cerca de 28 mil millones de litros de etanol.

Las ventajas ambientales detrás de estos números son muy relevantes, considerando que, en su ciclo de desarrollo vegetal, la caña de azúcar absorbe gran parte del CO2 que es liberado por la combustión del etanol derivado de ella.

El patrimonio representado por la acumulación tecnológica alcanzada en el campo de la bioenergía no debe considerarse como una misión cumplida, sino como el punto de apoyo para un gran salto cualitativo que el país necesita dar hacia las metas con las que se comprometió en el ámbito de la COP- 21. Por eso, los clusters automotriz y sucroenergético están articulando esfuerzos a escala inédita, en busca de niveles más altos de tecnología y gestión, para dar respuesta a las exigencias de una matriz de transportes más limpia y sostenible.

Dos programas completos – RenovaBio y Ruta 2030 – están tomando forma de modo articulado y planificado. Por un lado, hay un esfuerzo para reordenar el mercado nacional de combustibles, con énfasis en los biocombustibles. Por otro lado, se está discutiendo un nuevo régimen automotriz con metas a largo plazo para eficiencia energética, seguridad vehicular, investigación y desarrollo en ingeniería, además de recuperación y adensamiento de la cadena productiva.

El programa RenovaBio busca organizar la oferta de biocombustibles para superar las oscilaciones de política de precios y de volúmenes que caracterizaron los últimos años. Como consecuencia práctica, el programa debe resultar en la expansión de la producción nacional de los actuales 28 mil millones de litros de etanol a un volumen anual en la franja de 50 mil millones de litros en 2030, además de estrategias de precios y de existencias reguladoras para asegurar la atención a la demanda . Al establecer directrices a largo plazo, RenovaBio también estimulará la adopción de nuevas tecnologías con ganancias en la  eficiencia en la producción de biocombustibles y desarrollo de nuevas alternativas, como etanol de segunda generación, del biometano, además del bioqueroseno o biocombustible para la aviación.

La previsibilidad de oferta y precio relativo de los biocombustibles es una base esencial para las inversiones en aumento de eficiencia energética de los vehículos producidos en Brasil. Recientemente la industria automotriz presentó a las autoridades brasileñas una visión estructurada de política industrial sectorial, sintetizada en el plan denominado “Agenda Automotriz Brasil”, conteniendo una visión sobre los pilares necesarios para un desarrollo sostenible a largo plazo, con énfasis en la eficiencia energética. Esta agenda es un elemento para la construcción conjunta del programa Ruta 2030, que sustituirá Inovar-Auto y establecerá los grandes parámetros para el sector hasta el 2030.

Desde la óptica de la industria automotriz, la articulación entre los dos programas debe empezar por la revisión de las especificaciones de los combustibles automotores, estableciendo estándares para el contenido de agua en el etanol, nivel de mezcla de etanol en la gasolina, definición de octanaje de la gasolina tipo C, Biometano, y otros estándares técnicos indispensables para la optimización del uso de los energéticos disponibles. En base a este primer paso, es posible avanzar en tecnologías que aumenten la eficiencia de los motores y vehículos en el uso del etanol como combustible.

Las ganancias de eficiencia energética y el uso creciente de biocombustibles tienen un impacto positivo y directo sobre la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), sobre todo cuando se evalúa el ciclo a lo largo de toda la cadena de producción y el uso del etanol y otros Biocombustibles – o del campo a la rueda, conforme la expresión que adoptamos para denominar el ciclo productivo. La convergencia de políticas públicas y de esfuerzos privados en eficiencia energética de vehículos y motores y en la oferta de más y mejores biocombustibles puede acelerar la implantación de tecnologías innovadoras y más limpias, potenciando las ventajas comparativas de Brasil en agroenergía y contribuyendo de modo decisivo para que el país alcance o incluso supere los compromisos asumidos en el marco de la COP-21.

Se trata de una vía tecnológica natural para Brasil frente a otras opciones de movilidad con menos carbono, considerando que ésta es una tecnología dominada, comercialmente viable, logísticamente factible y ambientalmente eficiente. Aumentar la producción y participación del etanol en la matriz energética brasileña permitirá al país equipararse o incluso superar la legislación de emisiones europea y norteamericana, que son las más rigurosas del mundo.

Así, además de garantizar la seguridad energética de forma sostenible, el empleo de la agroenergía a gran escala se concreta en beneficios medioambientales, cada vez más valorados y exigidos por los consumidores y por toda la sociedad.

* Publicado originalmente en el periódico Valor Económico del día 22 de junio de 2017

 

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