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El árbol de la Vida (Árvore da Vida) da frutos y la comunidad asume la propia dirección

El árbol de la Vida (Árvore da Vida) da frutos y la comunidad asume la propia dirección

Monday, 5 de March de 2018

El programa creado por Fiat en 2004 se formaliza en una ONG, gestionada por la comunidad

Hace 13 años, la FCA empezó el cultivo de un árbol muy especial en la comunidad Jardim Teresópolis, a las afueras del Polo Automotriz Fiat, en Betim (MG), Brasil. Este árbol tenía el objetivo de crecer como símbolo de vida y generar frutos de transformación. Por eso, fue bautizado como el Árbol de la Vida. Todo empezó como un proyecto social de Fiat, creó raíces sólidas y acaba de concluir su emancipación. En diciembre de 2017, siguiendo un recorrido de maduración y protagonismo, el programa se convirtió en el Instituto Árbol de la Vida (IAV), una asociación sin fines de lucro compuesta y gestionada por miembros de la propia comunidad y aquellos que participaron en el programa durante toda su historia.

La propuesta original del programa (que en 2012 fue elegido por el Programa Nacional de las Naciones Unidas para el Desarrollo como una de las 50 mejores prácticas brasileñas que contribuyen con los Objetivos del Milenio de la ONU) sigue siendo la misma: generar oportunidades de desarrollo humano, social y cultural de la región del Jardín Teresópolis, a través de la oferta de actividades socioeducativas y el incentivo a la generación de empleo y renta. Pero ahora la comunidad, a través del instituto, pasa a tomar sus propias decisiones y definir sus propias alianzas, ya sea con la FCA, con los gobiernos o con otras empresas, lo que amplía las posibilidades de desarrollo de la iniciativa. Esta transición es la conquista de uno de los objetivos más desafiantes desde el inicio del programa: dar a la comunidad el protagonismo en la construcción de su propia ciudadanía.

En estos 13 años, el Árbol de la Vida ha generado cientos de frutos que se conectan directamente a su historia y dan sentido a este nuevo ciclo que se inicia. Ahora comienza a escribir otro capítulo de esta historia y todos están invitados a unirse a la construcción de los nuevos sueños y conquistas que están por venir.

“A lo largo de estos 13 años de historia, actuamos fuertemente en el desarrollo social en áreas diversas, como educación, cultura, deporte, generación de empleo y renta”, cuenta Fernando Elias, coordinador del Proyecto Social en la FCA. “Por medio de talleres de fútbol, judo, coral y canto, con la grabación de CD y DVD de las obras Zeropéia y Do Outro Lado, por ejemplo, y de la oferta de cursos de capacitación profesional, además de asociación con empresas para la empleabilidad, logramos alcanzar una mejora en importantes índices sociales”, explica.

Para Fernando, el protagonismo que la comunidad ahora ejerce con el Instituto es una gran conquista. “En el 2014, cuando conmemoramos los 10 años del programa, hicimos un trabajo de planificación con la comunidad para los 10 años siguientes. Reunimos a unas 30 personas, entre gestores de las instituciones, guarderías, emprendedores culturales, directores de escuelas públicas, representantes de asociaciones, en fin, una selección bastante heterogénea de los representantes de la comunidad. En esa época, ya estaba programado que la comunidad asumiría el protagonismo de la iniciativa. La FCA mantiene el apoyo al Instituto, pero ahora es un programa de la comunidad para la comunidad. Los que hoy asumen la gerencia son aquellos que ya fueron beneficiados por el programa. Bianca, la nueva directora, es un gran ejemplo”, nos cuenta.

Al completar sus 13 años, el Árbol coloca en la presidencia a la niña que comenzó en el programa a los 13 años de edad, en los talleres de canto. Bianca Aragao Esteves tiene hoy 22 años y es psicóloga. Conoció la iniciativa cuando los beneficiarios del programa visitaron la escuela donde estudiaba. “Siempre me ha gustado cantar y quería aprender a hacerlo mejor, así que decidí participar en el programa después de ver la presentación en la escuela”, nos cuenta Bianca.

“Para mi sorpresa, mi hermana gemela, Beatriz, entró conmigo. Presentábamos incluso en grandes eventos, con grandes públicos. La presentación con Andrea Bocelli fue un hito en nuestra historia. ¡Un público de más de 80 mil personas nos escuchaba junto al más grande tenor del mundo! Fue una emoción tan grande que no hay como describirlo “, recuerda.

“Además de los encuentros para el desarrollo de las habilidades musicales, todos los alumnos participaban del” Percurso CreSer “, que era el momento en que hablábamos y reflexionábamos sobre nuestra comunidad, nuestras familias, nuestras relaciones interpersonales y, más aún, sobre quién éramos, o mejor , qué queríamos ser “, detalla. “Lo que aprendí y crecí a lo largo de esos encuentros pasó a formar parte de mi vida como hija, como alumna, como ciudadana y como profesional”, dice.

Alex Martins de Oliveira tiene la misma edad de Bianca y también fue uno de los niños atendidos por el Árbol de la Vida. “Comencé en febrero del 2006, un mes antes de completar la edad necesaria para ingresar al programa, que era de 11 años, pero mi insistencia fue tan grande que abrieron una excepción”, se ríe. “Inicié las clases de percusión y en ese mismo año tuve la oportunidad de participar en la presentación del día Primero de Mayo Fiat en el estadio del Mineirão. ¡Fue inolvidable!”, recuerda. Hoy, Alex es un empleado de Fiat “desde hace dos años y medio”. Él nos relata que conoció muchos lugares mientras formaba parte del programa, participó en el taller de deporte, frecuentó clases de generación de ingresos e ingresó por primera vez en la FCA como joven aprendiz.

Como joven aprendiz en Fiat, Alex hizo cursos profesionales de mecánica y de auxiliar administrativo en el Servicio Nacional de Aprendizaje Industrial Senai. “Concluí mi contrato en Fiat con la sensación de deber cumplido. Luego, cuatro años después de haberme desvinculado del Árbol de la Vida, volví e hice, a través del programa, un curso de operador de remolcador. Pensé que sería sólo un curso más, pero luego supe que aquellos alumnos que se destacaban tendrían posibilidades de entrar en Fiat. Dios me bendijo y el 19 de agosto de 2015 fui contratado y aquí estoy hasta hoy “, conmemora.

A los 15 años, Bianca fue llamada para ser monitora del Taller de Canto Coral y fue allí que empezó a construir sus primeras experiencias profesionales. Terminó el Bachillerato y luego el curso de Psicología. Con la nueva formación, Bianca asumió la actividad de Formación Humana (del propio Percurso CreSer) de los cerca de 50 alumnos que formaban parte del monitoreo. Más tarde, salió del programa para hacer sus pasantías académicas, incluso una en la FCA que duró dos años. “Esos dos años en Fiat también fueron ricos en aprendizaje. He realizado entrenamientos, proyectos con menores aprendices del sector de transporte, ayudé con el Programa de Preparación para la Jubilación, sesiones de psicología en la fábrica y otras actividades”, cuenta.

“Ahora, como psicóloga, veo cada una de las experiencias vividas después de la experiencia en el Árbol y veo lo mucho que aquellos primeros cuatro años allí fueron importantes para mi formación personal y profesional. La comunidad de Jardim Teresópolis, marcada muchas veces por la marginalidad y la criminalidad, tiene muchas riquezas. Son residentes que creen y luchan por días mejores, jóvenes y adolescentes que buscan nuevas perspectivas para la vida”, concluye.

 

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