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Hemingway y Fiat: salvando vidas en la Primera Guerra Mundial

Hemingway y Fiat: salvando vidas en la Primera Guerra Mundial

Thursday, 15 de March de 2018

A los 18 años, el futuro escritor fue conductor de la Cruz Roja en Italia. Su compañera, una ambulancia Fiat 15 ter

A los 18 años de edad, un joven estadounidense que había sido dispensado del ejército de su país por problemas de visión, insistió en ser voluntario para conducir ambulancias de la Cruz Roja de Estados Unidos en territorio italiano durante la Primera Guerra Mundial. El joven era el futuro escritor y ganador del Nobel de Literatura Ernest Hemingway y las ambulancias que conducía eran fabricadas por Fiat.

“Yo había venido conduciendo. El conductor llevó los papeles adentro, mientras yo permanecía sentado dentro del vehículo. Era un día bien caliente, con el cielo brillando mucho, y todo azul, y la carretera seca y polvorienta. Me hundí en el asiento delantero del Fiat, sin pensar en nada”. El pasaje fue escrito por el propio Hemingway en la introducción de uno de sus libros más famosos: Adiós a las Armas (1929). Se trata de una novela que tiene como tema central la experiencia de un joven conductor de ambulancias en territorio italiano en la Primera Guerra. ¿Parece familiar? El nombre del personaje es Frederic Henry y la historia es de ficción, pero la inspiración es sin duda la experiencia de vida del propio autor. Tanto él como su personaje fueron, por ejemplo, heridos en combate, llevados a un hospital en Milán y se enamoraron de una enfermera. La verdadera, la estadounidense Agnes von Kurowsky, rechazó su petición de matrimonio. En la historia ficticia, sin embargo, la inglesa Catherine Barkley le corresponde a Henry, lo que nos rinde uno de los escenarios románticos más elogiados de la literatura mundial.

Las ambulancias Fiat conducidas por Hemingway eran como las de las fotos, construidas sobre los chasis de un “Fiat 15 ter”. Estas ambulancias también servían de estaciones de rayos X cuando era necesario. Hemingway las describía con entusiasmo. Por ejemplo, en su libro póstumo París es una fiesta (cuyo título original es A moveable feast), Hemingway cuenta que las ambulancias anteriores sufrían en las carreteras montañosas y los frenos se echaban a perder con frecuencia, hasta ser sustituidos por los modelos de Fiat, que tenían frenos y cambio mejores. “Me acuerdo cómo [las ambulancias anteriores] solían perder los frenos al bajar las laderas de la montaña, llenas de heridos, frenando hasta abajo y por fin usando la marcha atrás, y cómo las últimas fueron conducidas vacías por la montaña para que pudieran ser sustituidas por grandes modelos Fiat con un buen cambio H y frenos de metal”, escribió Hemingway en el libro (traducción libre). Las ambulancias italianas modernas todavía son producidas por Fiat.

Los conductores de las ambulancias de la Cruz Roja, aunque no comandaban tropas, eran oficiales: recibían el título de segundo teniente. De acuerdo con el profesor de literatura estadounidense Alex Vernon, del Hendrix College en Estados Unidos, en un artículo publicado en el libro “Ernest Hemingway in Context”, publicado por la universidad de Cambridge, Reino Unido, Hemingway fue enviado a Italia a causa de la decisión de la Cruz Roja Americana de colaborar con los esfuerzos médicos del país, que estaban sobrecargados, hasta que las tropas estadounidenses, que aún se estaban movilizando, llegaran al territorio europeo (los estadounidenses sólo combatieron al final de la guerra). La decisión fue una prueba del compromiso [americano] para alentar a los italianos a resistirse, dice Vernon.

“El teniente Hemingway llegó a París la primera semana de junio de 1918, cuando los alemanes comenzaron a bombardear la ciudad con su artillería de largo alcance Big Bertha. En su primer día en Milán, fue enviado para ayudar a los heridos y recoger a los muertos de una fábrica de municiones explotada. “La escena horrible fue especialmente chocante para el joven, porque los muertos eran mujeres, como él nos cuenta en Una historia natural de los muertos”, escribe Vernon, que también aclara el episodio en que Hemingway fue herido. Según Vernon, tras conducir ambulancias, “Hemingway se hizo voluntario para una tarea temporal con el servicio de cocina de campaña en Fossalta di Piave, un pueblo modesto a lo largo del río, destrozado por la guerra, y ubicado cerca de la acción en las montañas arriba.” Él suplía a las tropas con comida, café caliente, chocolate, cigarrillos y otros suministros. “A raíz de la localización cercana del frente y de las carreteras (a menudo en intersecciones), esas operaciones eran bastante peligrosas. Los primeros estadounidenses muertos en Italia fueron justamente operadores de ese tipo de estación en Piave”, contextualiza Vernon. Hemingway fue herido por los fragmentos de un mortero austríaco que había estallado a su lado, matando a un soldado italiano e hiriendo otro. Hasta con los 227 pedazos de fragmentos en las piernas, Hemingway logró cargar a su compañero herido hasta recibir un tiro en la rodilla derecha con una metralleta. Con todo y eso, logró arrastrarse por cerca de 100 metros y sacar a su compañero antes de desmayarse. Después, fue rescatado y llevado al hospital en Milán, donde pasó por cirugías y se quedó en recuperación. Fue allí que conoció y se enamoró de la enfermera. Por su bravura, Hemingway fue el primer americano en recibir la respectiva medalla de plata italiana.

El premio Nobel de Literatura fue por El viejo y el mar (1952), pero Adiós a las armas es considerado una de sus obras maestras, junto a Por quién doblan las campanas (1940). Hemingway también escribió cuentos y artículos periodísticos. Para un escritor, tuvo una vida bastante agitada. Después de la experiencia en Italia, fue corresponsal de guerra, sufrió al menos tres accidentes (uno en coche, que le rindió una concusión al llegar a Londres para cubrir la Segunda Guerra, y dos en avión, el mismo día, que sorprendentemente no lo mataron, pero lo dejaron con tres fracturas y heridas en los riñones e hígado), tuvo libros quemados por el nazismo y hasta hay un asteroide bautizado con su nombre. Él sufría con el alcoholismo y dicen que nadie podía beber como él. Se tomaba una botella de whisky y parecía que no le afectaba. El escritor, que hoy tiene una sociedad de sosias, se quitó la propia vida, a los 61 años, con un arma de fuego.

 

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