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Testigo ocular de la historia

Testigo ocular de la historia

Thursday, 17 de May de 2018

Conozca al señor Antônio Justolino, el “Sr Dureza”, con cinco décadas trabajando en la fábrica de la FCA en Jaboatão dos Guararapes, Brasil, desde la soldadura mecánica a la industria 4.0

Antonio Justolino da Silva, de 75 años, se enorgullece de no haber tenido registro de alejamiento por enfermedad en sus 49 años de trabajo dedicados a la fábrica de Fiat Chrysler Automobiles (FCA), en Jaboatão dos Guararapes, Pernambuco, Brasil. Dueño de un vigor físico envidiable, sale de casa todos los días a las 4 de la mañana para su trabajo. Mientras los empleados más jóvenes hacen una siesta en el intervalo del expediente, él hace flexiones. Está siempre en movimiento y nunca se esquiva de las horas extras. Tanta resistencia le rindió el apodo de “Sr. Dureza”.

Todo este ánimo, sin embargo, no es una novedad. Dureza dice que siempre fue así, incansable. Cuando empezó a trabajar en la fábrica, que actualmente produce arneses mecánicos (cables eléctricos utilizados en los vehículos) para Fiat, tenía sólo 25 años. La fecha de su primer día de trabajo nunca la ha olvidado: 28 de mayo de 1969.

En aquella época de su vida, el joven nacido en Surubim, municipio del interior de Pernambuco en Brasil, ya había hecho de todo un poco. Desde trabajar en la roza hasta hacer reparaciones mecánicas en un taller de automóviles en su ciudad. Y fue justamente el conocimiento en soldadura mecánica que le garantizó una posición en el taller de carrocería del Jeep Willys, la primera industria automovilística del Nordeste brasileño.

La unidad estaba diseñada para producir 860 vehículos al mes, más de 10 mil por año. Los modelos Jeep Willys, creados para la Segunda Guerra Mundial, conocidos en el Nordeste como “Sombrero de Cuero” y la Rural eran montados por allá. “Nosotros montábamos todo de cero, con las piezas venidas de fuera”, recuerda Dureza.

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Dureza habla sobre la antigua fábrica del Willys en una visita a la Planta Automotriz Jeep

El trabajo de soldadura y montaje de los automóviles era artesanal. “Muchas veces, nos quedábamos cubiertos de polvo, porque el auto era lijado a mano”, recuerda. La dedicación al trabajo hizo con que Antonio Justolino se ganara rápidamente su apodo y asumiera una posición de destaque. “Yo era aquel campesino astuto, porque llegué con algún conocimiento en soldadura y siempre tuve mucha ganas de aprender. Entonces asumí la parte de entrenamiento de los nuevos soldadores “, recuerda.

En 1981, suspendieron el montaje del Willys y eso nos llevó a ser una fábrica de componentes. La entonces TCA (Tecnología en Componentes Automotores) sería adquirida por el grupo Fiat años más tarde, en 2010, cuando pasó a producir arneses eléctricos para los coches de la marca. En este proceso, el ambiente de trabajo del Sr Dureza cambió completamente. De los cerca de 250 empleados, pasó a tener más de dos mil. La producción manual dio lugar a máquinas modernas. “Todo cambió. Cuando empecé no había robots o las máquinas modernas de hoy. Éramos pocas personas trabajando y, de esa época, el único que sigue soy yo. Como era un empleado dedicado, me quedé”, apunta. “Estoy satisfecho por haber sido un pionero y haber hecho parte de esa historia”, evalúa.

Esta historia, de la industria automotriz en Pernambuco y en el Nordeste de Brasil, de la que es testigo, ganaría un nuevo capítulo en 2015, a partir de la inauguración del Polo Automotriz Jeep, en el municipio de Goiana (PE), Brasil. La fábrica es la planta más moderna de la FCA en el mundo y un deleite para los ojos atentos del profesional experimentado. “Hoy todo es más fácil. “Es muy moderno, limpio”, subraya.

Cuando la vida construye fortalezas

El apodo que le dieron a Antônio Justolino, aún joven por su resistencia, es también la traducción de la fuerza con la que él siempre enfrentó los desafíos de la vida. Como padre de tres hijas, tuvo que mantener a la familia cuando su esposa se enfermó gravemente. En esa época, él tenía aproximadamente 30 años. “Yo trabajaba de noche y, cuando salía de la fábrica, me quedaba con ella en el hospital. Una vez me quedé tres días sin dormir haciendo ese doble expediente”, recuerda. “Mis hijas fueron criadas con la ayuda de mi madre, de mi suegra y de tías. La vida no fue fácil, pero nunca me quejé”, cuenta.

Las horas extras en el trabajo le ayudaron a comprar los remedios de su esposa que costaban casi un salario mínimo mensual. “Un día mi gerente descubrió la razón por la que tenía tantas horas extras y la empresa me dio una ayuda para pagar los medicamentos”, recuerda. “La empresa también costeó, por un período, el cambio de mi esposa de hospital. Ellos me pagaron un taxi para su transporte. Siempre tuve la comprensión de mis jefes y por eso estoy muy agradecido “, subraya.

Incluso después del fallecimiento de su esposa, Dureza continuó con su inquebrantable dedicación al trabajo. Su única ausencia sucedió hace cinco años, cuando fue agredido durante un asalto y tuvo que ser hospitalizado. Fue el primer certificado médico que entregó en toda su trayectoria profesional, pero la admiración de los compañeros de trabajo habló más alto. “Cuando llegué a la empresa para entregar el certificado, mi jefe no lo aceptó. En vez de eso, me dieron vacaciones para que mi histórico no fuera manchado” nos cuenta.

Tantos años dedicados a la familia y al trabajo, por fin, no lograron abatir el espíritu incansable de Dureza. Como quien enseña una fórmula simple de felicidad, el sonriente Antônio Justolino se declara satisfecho con la vida que tiene. Crió a sus hijas, es un hombre sano, feliz en el trabajo y cuenta con el respeto de los colegas. En los días de descanso, le gusta ir a Surubim a conversar con las personas, caminar y ver las ferias de vaqueros. “Nunca me detengo. Los más jóvenes se ríen  porque nunca me ven sentado “, relata hallando gracia. “Creo que me ven como una inspiración, por eso trato de darles consejos, decirles que se dediquen bastante porque así van a crecer en la empresa”, dice y, antes de terminar la entrevista, hace hincapié en subrayar: “Por mi, continuaré trabajando hasta donde pueda”.

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