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De Minas a Pernambuco, a lo largo de las orillas del Viejo Chico

De Minas a Pernambuco, a lo largo de las orillas del Viejo Chico

Saturday, 10 de December de 2016

Un periodista y un fotógrafo acompañan las curvas del Río SaoFrancisco y enfrentan un viaje de ocho días y tres mil kilómetros en busca del corazón de un Brasil colorido y fascinante

En el invierno de 2012, por invitación de la revista “Mundo Fiat” de Brasil, el periodista especializado en la industria automotriz, Ricardo Panessa, y el fotógrafo MuriloGóessubieron  a un Palio Adventure y partieron en un viaje inolvidable serpenteando el Río Sao Francisco, desde su nacimiento en la Sierra de la Canasta, hasta la región brasileña de Pernambuco.

Cuatro años más tarde, el río vuelve a ser de interés nacional debido a los últimos capítulos de la aclamada serie de televisión “Viejo Chico”, de la Red Globo de Brasil. Es una gran oportunidad para revivir la aventura de Panessa y Góes, que le traemos a ustedes a continuación en una versión condensada. Para leer el texto completo, siga el enlace a la versión digital de la revista “Mundo Fiat” 118.

 

old-chico-04Majestuoso y verde, el río Sao Francisco – el más grande en extensión que brota de la tierra y desemboca en el mar dentro del territorio tupiniquim – sigue indiferente a la voluntad del hombre, desde hace diez mil años. Considerado como el río de la unidad nacional, éste nace en la Sierra de la Canasta, en Minas Gerais, en un pequeño pozo de agua verde muy oscuro y denso, que parece estancado, por lo que es difícil de creer que, allí mismo, a unos metros más adelante, puede hacer que brote tanta vida.

Su descubrimiento se atribuye al navegante florentino Américo Vespucio, que navegó en su boca en 1501, y cuyo nombre fue dado en honor a San Francisco de Asís, que se celebra en esa fecha. El río también pasa por el estado de Bahía, haciendo frontera al norte con Pernambuco, separando de forma natural los estados de Sergipe y Alagoas, y finalmente desembocando en el océano Atlántico en Piaçabuçu (AL), drenando un área de aproximadamente 641.000 km ². Bautizado “Opará” por los indígenas originarios, su curso alcanza 2863 kilómetros de recorrido. Hoy en día se lo conoce cariñosamente como  “Viejo Chico” entre los habitantes del noreste de esta región. Fue por aquellas tierras, a orillas de Sao Francisco-Opará que con nuestro Palio Weekend Adventure zigzagueamos por ocho días, conociendo de cerca un poco de lo que sucede allí.

Como no podía ser de otra manera, nuestro viaje comenzó en la Sierra de la Canasta en Sao Roque de Minas, al lado de la fuente del río. Curioso y sorprendente es ver que sólo a pocos metros más adelante – Sí, a sólo unos pocos metros – sus aguas tranquilas y claras ya albergan una considerable (y visible) cantidad de peces. Y sigue tan majestuoso e imponente en el interior de Minas Gerais, bañando ciudades directa o indirectamente como Bambuí, Córrego Danta, Luz, Dores do Indaiá, Abaeté, Paineiras, Biquinhas, Morada Nova de Minas, TrêsMarias, Luislândia do Oeste, Pirapora, Ibiaí, Ponto Chique y Januária, para nombrar unas pocos, para luego entrar en el territorio del estado de Pernambuco hasta Bom Jesus da Lapa.

old-chico-05Los grandes contrastes se notaron inmediatamente. Del gris de la Caatinga al azul, casi añil, en las presas de Sobradinho, Itaparica y Xingó hasta el verde intenso de las nuevas zonas irrigadas, donde predominan los cultivos de uva, melón y mango, fue lo que más nos llamó atención en lo que se refiere a lo visual.

El verde cristalino del agua del San Francisco que corre hasta aquellos parajes, nos muestra las primeras señales de la proximidad del hombre, quese oscurece, sobre todo al encontrarse con las aguas del río Grande, uno de sus principales afluentes en la ciudad de Barra. La pérdida de los bosques de ribera, la erosión y la consecuente sedimentación, son visibles allí y es uno de los principales motivos de la pobre navegabilidad del río.

Los antiguos barcos de vapor, conocidos como “jaulas”, similares a los inmortalizados en las películas ambientadas en el río Mississippi, que durante años han sido los principales medios de transporte en aquellos sitios, han dado lugar en sus márgenes atres hijos: el compositor João Gilberto, natural de Juazeiro, en Bahía, que prefirió tocar la guitarra a  jugar con los otros niños en el río;Alceu Amoroso Lima, el Tristán de Athayde, que ni de Minas ni  del noreste era, y el minero Guimarães Rosa cuyos ojos se centraron en el interior en general y, en particular, hacia el Sao Francisco, también forman parte de la historia de este importante río.

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Desde el pasado distante de hace diez mil años – hay pruebas de la presencia humana en sus orillas que datan de ese tiempo – del pasado reciente de poetas, músicos e historiadores hasta la presente multitud desconocida de pescadores, pastores, artistas y artesanos, que de una forma u otra, viven del agua del río Grande donde fluye toda la historia de un puebloy late el corazón del país.

Es en esta intensa melodía donde cada kilómetro revela una historia de vida, que llegamos a Petrolina, de este lado del río, que tiene la segunda población más grande y el mayor PIB del interior de Pernambuco, desde donde se puede ver, por allá, al otro lado del río, Juazeiro, Bahía. Bañados por el río Sao Francisco, juntos, los dos municipios constituyen el mayor centro urbano del noreste semiárido, el segundo mayor centro viticultor en Brasil y el mayor exportador de frutas del país.

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Y fue allí, en Petrolina, que conocimos a una de las figuras más notables del viaje, ‘seu’ Roque Rocha, de 52 años, mejor conocido como Roque Santero, artesano por completo, especializado en el tallado de imágenes religiosas. Con la visión y el ingenio que sólo puede proporcionar un viaje, “seu” Roque habla fácilmente de su trabajo y sobre las virtudes y los males del río Sao Francisco. Sobre su obra, dice: “sólo uso árboles muertos, lo que queda de quemado; no corto la madera viva para tallar” y completa el asunto diciendo que la imagen más difícil de hacer es la de San Jorge luchando contra el guerrero dragón.

Y como despedida, como un buen marco para el final de nuestra visita y rumbo al final del viaje, Roque Santeiro nos ofrece, orgulloso, un pequeño ejemplar de literatura folklórica de Corda hecha en su honor por José Francisco Borges, donde en el primer verso de un total de 38 dice:

Yo estaba en Fenearte

Encontré a Roque Santeiro

Es muy divertido

Buen colega y compañero

Tiene acceso a la  locura

Pero es un maestro verdadero

Y sigue, prodigando la poesía, como el Opará-San Francisco, cuando desagua manso en el mar de Alagoas.

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