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Una casa para el periodismo automovilístico

Una casa para el periodismo automovilístico

Thursday, 15 de March de 2018

El Museo de la Prensa Automovilística en São Paulo, Brasil es un buceo hacia el Brasil del siglo XX y de cómo la mística del carro fue retratada y mantenida en los medios de comunicación.

El inolvidable aforismo del difunto rockero Frank Zappa, de que “escribir sobre música es como bailar sobre pintura” tal vez revele mucho sobre el destino del periodismo segmentado – de nunca transmitir la emoción verdadera del asunto abordado – pero parece que no es el caso de la prensa automovilística. “Es la prensa segmentada más fuerte del periodismo”, cree Marcos Rozen, de 43 años, que hizo carrera como reportero de la revista Autodata. “Por ejemplo, por más fuerte que sea el segmento de tecnología en el mundo de hoy, usted no se acuerda ni de una revista de gadgets como se acuerda de las revistas de autos, que están por ahí hasta los días de hoy. La prensa automovilística supo reinventarse y mantenerse relevante, huyendo del puro servicio, renovando su reportaje, hablando de grandes carros, haciendo pruebas, cubriendo salones, promoviendo elecciones, entregando secretos y manteniendo un atractivo visual muy fuerte, que hace que la publicación impresa sobreviva muy bien.”

A pesar de los 23 años de carrera, el gran pasaporte de Rozen para la historia de la prensa automotriz no fue hecho en papel, sino en un acogedor edificio en Vila Romana, zona oeste de São Paulo, Brasil: es el Museo de la Prensa Automovilística, el Miau. El proyecto empezó por motivaciones esencialmente periodísticas (“siempre creí que el buen reportero necesita tener base histórica para no cometer errores que a veces se ven por ahí”, dice, “hay que saber que los autos eléctricos existen desde los años 1920, o que el DKW ya tenía motor de tres cilindros, por ejemplo “), pero hoy es un programa cultural delicioso para el que esté por São Paulo a fin de una inmersión en el tiempo y en la mística que envuelve el auto– “una mística que la prensa registró y, más que eso, ayudó a mantener”.

Rozen cuenta que, como reportero, cultivó desde el principio el hábito de sumergirse en los archivos de revistas y periódicos antiguos para subsidiar las investigaciones para sus textos. Y llevaba a la casa todo el material que juzgaba relevante y cuenta que corría el riesgo de que descartaran todo en la redacción o en el campo de investigación. “Eso se convirtió en mi base de datos privada”, cuenta. “Con el tiempo, los colegas sabían de mi acervo y pasaron a buscarme con cosas interesantes, y me las regalaban como por ejemplo prendedores o los regalos que daban en las fiestas de lanzamiento, hasta revistas históricas y cintas VHS con campañas publicitarias, libros fuera de catálogo o jingles publicitarios hechos para la radio. “Fueron diez años juntando preciosidades entre un acervo de mil ítems. “A esa altura, eran otros periodistas que me buscaban para investigar cuando estaban trabajando en alguna pauta histórica.”

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Fue por eso que surgió el Miau – inicialmente un ambiente virtual que permitiese buscar en un acervo físico. “Cuando la página www.facebook.com/miaumuseu entró al aire, la cosa salió de las manos de los periodistas y llegó al conocimiento del público en general. “Fue en el 2013, en el auge de las redes sociales, cuando el perfil oficial del museo llegó a 100 mil seguidores y el acervo, que comenzó con mil ítems, llegó a increíbles 10 mil piezas. “Comenzó a tomar unas proporciones absurdas. Mucha gente pasó a escribirme diciendo ‘tengo una colección de revistas que era de mi abuelo’, ‘mi padre trabajó para Jeep y yo quería donar lo que él preservó’, etc. El museo empezó a tener vida propia. “Yo prácticamente no interfiero en nada”, dice, sonriendo.

Viviendo su “vida propia”, el Miau empezó a hacer exigencias: un espacio físico propio. “Era difícil administrarlo en casa. Yo ya me había mudado a la habitación más pequeña del apartamento y el museo estaba invadiendo todo el espacio. “Para llegar a los ítems, que quedaban detrás de otros, o que estaban en un estante allá arriba, era cada vez más difícil”. Fue cuando surgió el pequeño edificio en la calle Marcelina, construido originalmente para albergar el taller de la artista plástica Tatiana Blass. “Era perfecto, parecía que la arquitecta había entrado en mi cabeza incluso sin conocerme.” El Miau abrió sus puertas físicas en octubre de 2017.

El museo está dividido en dos pisos temáticamente demarcados. En la planta baja, está la historia de la evolución de la prensa automovilística en Brasil, desde los primeros suplementos de periódicos del siglo XIX hasta los años 1990. Es un viaje por la propia industrialización de Brasil–desde los tiempos en que toda la industria de autos era a través de los incentivos a la nacionalización de los años 1950 y 1960, la reserva de mercado de la dictadura hasta los recientes años de liberalismo económico, con incentivos a la importación y a la competitividad. Todo contado a través de fotos, portadas de revistas, fragmentos de reportajes, recuerdos y mucha historia de bastidores. “Traté de organizar el trayecto como si fuera una rejilla de reportaje de revista, contando una historia a partir de foto leyendas”, dice Rozen. “Por lo general estoy allí cerca, para ayudar en lo que sea necesario, pero el visitante puede leer todo ‘solo’ con facilidad.

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Es importante notar que no estamos en un museo sobre automóviles, sino sobre la prensa automotriz. En una visión panorámica e histórica como la propuesta por Miau, con revistas y diarios diferentes lado a lado, quedan claras las tendencias de las narrativas, donde figuran propagandas de los carrones importados de los años 1940, las fotos en blanco y negro delicadamente retocadas por los coloristas, las tendencias de diseño que, a veces privilegiaban las fotos artísticas, a veces los clics más informativos, la osadía de reportajes que entraron a la historia, los titulares peleándose por la atención del lector, los verbos en el imperativo, etc. “Una de mis intenciones fue realmente mostrar todo el trabajo, el esfuerzo, que hay en la preparación de una revista o de un periódico”, cuenta Rozen. “Un trabajo pesado que tiene poco que ver con el glamour que suele asociarse a la prensa automovilística.” El paseo por el ala de la planta baja termina con un hermoso espacio para exposiciones temporales, la primera fue sobre los 50 años del Opala, con derecho a ver un mini documental sobre el auto dentro de un Comodoro 1988.

Uno de los destaques de la planta baja es una vitrina totalmente dedicada al lanzamiento del Fiat 147 en Brasil. Reuniendo el kit de prensa original de 1976, las fotos de divulgación impecablemente preservadas y hasta la máquina de escribir que algunos periodistas ganaron como obsequio durante el evento. La campaña del primer coche brasileño de Fiat fue un hito no sólo para el mercado publicitario (con su legendaria campaña colocando el “pequeño gran carro” en situaciones inusitadas y en monumentos históricos brasileños) pero como un momento especialmente prometedor de la industria brasileña. “Es importante esa mirada al pasado buscando preservar todo el contexto de cuando fueron lanzados los carros”, dice Rozen. Porque hoy los miramos como autos antiguos, simplemente, pero ¿cómo era Brasil en la época en que eran modernos? ¿Cómo se insertaban en la sociedad? Todo esto se recupera aquí.

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El piso superior está dedicado a los libros y las revistas “para libre consulta”, con dos paredes repletas de volúmenes acerca del mundo del auto y la cultura alrededor de él, y también press-kits y materiales de trabajo de los periodistas. “Un visitante muy misterioso, un tanto impaciente llegó al museo y apenas quiso mirar las piezas de la planta baja”, recuerda Rozen. “Insistió sólo que quería consultar la colección de la revista Quatro Rodas de los años 1970 y 1980. Pasó el día haciendo eso, sin hablar con nadie. Por la noche, ya a la hora de cerrar, yo no me contuve y le pregunté por qué ese interés. Y él me contó, emocionado, que él quería revisar los ejemplares que el fallecido padre le se los leía y que lo transportaban a la infancia. “Historias así se han sumado a lo cotidiano de Rozen desde octubre, cuando el Miau abrió sus puertas. La gente con memoria afectiva vinculada a la prensa, aficionados por autos, coleccionistas, estudiantes, investigadores, restauradores y, como siempre, periodistas trabajando en una nueva pauta o buscando asunto para un nuevo texto. Porque la prensa automotriz todavía tiene mucho camino por delante.

El Museo de la Prensa Automovilístico abre sus puertas los fines de semana (sábado, de las 13h a las 18h, domingo de las 11h a las 17h, con precio promocional de media entrada, R $ 15, para todos). Durante la semana, el Miau funciona con visitas programadas por la página oficial en Facebook <https://www.facebook.com/miaumuseu>. El museo se encuentra en la calle Marcelina, 108, Vila Romana, São Paulo, Brasil.

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